JOSÉ MARÍA DÍEZ

Los paisajes del alma

El fuego purificador

El ritual del fuego ha estado enraizado en numerosas culturas, y ha llegado hasta hoy desde la prehistoria, donde cumplió un papel importantísimo en el desarrollo de la humanidad: socialización, protección y alimentación.

En mi infancia, hacer hogueras el día 1 de febrero era una fiesta igual de mágica que de extraña. Quemar viejos enseres y leña del campo, que acarreábamos en pleno invierno, creaba en nosotros un entusiasmo sólo comparable a una mañana del Día de Reyes. 

Entiendo la grandeza del fuego como el elemento purificador de los paganos, que también necesitamos lo sagrado. Es belleza pura perderse en los arreboles, y observar la blandura del humo, que es capricho de curvas magnéticas que contrastan con el cielo. Ese inmenso fulgor representa la necesaria limpieza del alma.