LA EDAD DE ORO
La ensoñación es casi un deber, en este mundo cada día más embutido en una estructura hiperrealista en la que el detalle nos lleva a la exactitud más incómoda. Salir del mundo no es huir, sino buscar esencias que hemos perdido por el hábito de la repetición. También la memoria imprecisa nos ayuda a recrearnos en otras vidas oídas, leídas, entrevistas en otros tiempos. O tal vez sugeridas por el poderoso caudal de la música, como en este caso.